Google presentó un asistente de inteligencia artificial capaz de gestionar correos, priorizar tareas y coordinar reuniones de forma autónoma. El sistema analiza hábitos del usuario, urgencias y contexto para decidir qué responder, qué postergar y cómo organizar la agenda diaria.
Las primeras pruebas internas muestran ahorros significativos de tiempo en roles administrativos y de gestión. Defensores de la tecnología afirman que libera a las personas de tareas repetitivas, mientras críticos alertan sobre dependencia excesiva y pérdida de control humano.
Más allá del debate, el mensaje es claro: la IA ya no solo ayuda, decide. Y eso está cambiando cómo trabajamos… ahora mismo.
