Un jugador tira sus cartas por error y pierde una fortuna en la mesa final

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Dicen que, en el póker, hasta que no se entregan las fichas, nada está escrito. Pero lo que pasó esta semana en la mesa final del LAPC Commerce Classic, un torneo de 1.200 dólares de entrada con un millón de dólares garantizados, dejó a todos con la boca abierta. No fue por una jugada maestra, sino por un descuido técnico que costó una verdadera fortuna.

Una mesa llena de diamantes 

La escena parecía sacada de un guion de errores imposibles. Con nueve jugadores peleando por la gloria en Los Ángeles, el centro de la mesa dictó sentencia, cayeron cinco cartas y todas eran diamantes. En el argot del póker, cuando esto sucede y nadie tiene un diamante superior en su mano, «la mesa juega». Es decir, el pozo se divide en partes iguales entre los jugadores que sigan en la mano. Es lo lógico, ¿verdad?

Sin embargo, Duey Duong un jugador experimentado con más de 1.4 millones de dólares en premios en su carrera sufrió un insólito «cortocircuito». Al ver que su rival enseñaba una jugada que superaba a su mano personal, olvidó por completo que el color estaba en la mesa y, en un acto reflejo, tiró sus cartas boca abajo hacia el mazo.

El regalo de 3 millones de fichas

Al deshacerse de sus cartas sin mostrarlas (lo que se conoce como muckear), el jugador renunció automáticamente a su derecho al premio. Su oponente, casi sin poder creerlo, se adjudicó el pozo completo de 3.2 millones de fichas.

Si el profesional simplemente hubiera puesto sus cartas boca arriba, el pozo se habría dividido y él habría conservado un arsenal de fichas para pelear por el título. En lugar de eso, el error lo dejó herido de muerte y terminó eliminado en sexto lugar con un premio de $52,050. De no haber cometido ese fallo, su posición final y su cheque habrían sido mucho mayores, considerando que su rival aprovechó ese impulso para terminar segundo con $177,270.

El incidente no solo afectó el marcador, sino que desató un intenso debate ético en plena transmisión en vivo. Algunos jugadores intentaron advertirle al profesional que mostrara sus cartas, pero otros, como el reconocido Jared Griener, se mostraron tajantes, el póker es un deporte individual y los errores de lectura forman parte del juego. «Es un poco sucio intentar intervenir», señaló Griener, defendiendo que no es trabajo de los rivales salvarle el pellejo a nadie.

Aunque el gran ganador de la noche fue Fausto Valdez, quien se embolsó $252,840 y el trofeo de campeón, la charla en los pasillos del Commerce Casino tuvo un solo protagonista: el hombre que regaló la mitad de un pozo gigante por un simple descuido visual.

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