En un mundo donde todavía muchos reducen el póker a un juego de cartas o a la suerte del momento, Leo Margets habla con la tranquilidad de quien convive con el deporte desde dentro. Para la española, el póker es disciplina diaria, entrenamiento físico, preparación mental y largas jornadas en la mesa. No le gusta romantizarlo ni venderlo como un camino fácil; prefiere describirlo como un oficio que demanda constancia y decisiones correctas en situaciones complejas.
Margets, integrante del Team Pro de Winamax y figura reconocida del circuito internacional, cuenta que hace algunos años las personas no entendían el verdadero trabajo detrás del póker. “Cada vez se le tiene más respeto al juego. La gente entiende el esfuerzo que hay detrás”, resume. En su experiencia, la percepción ha cambiado porque hoy se habla de la parte estratégica, de la psicología, de la estadística y de cómo estas habilidades impactan a largo plazo. Las partidas pueden durar horas, pero la preparación que no se ve, estudio, análisis de manos, control emocional, es la que diferencia a un jugador casual de un profesional.
Uno de los conceptos que Margets considera clave es separar el resultado de la decisión. Puedes tomar una acción correcta y perder la mano, o ganar después de una jugada mala. En el largo plazo, lo que define a un jugador ganador es la calidad de sus decisiones, no el ruido del azar. Este enfoque la ha ayudado a manejar frustraciones y presión: “Esa disociación entre el resultado y la decisión es increíble para la vida”, dice. Entender cuándo actuaste bien, aunque el desenlace no acompañe, te permite aprender sin castigarte.
En el entorno competitivo, Margets defiende que la obsesión no es algo negativo cuando se trata de alto rendimiento. La compara con el tenis o con cualquier disciplina exigente, quienes viven de esto dedican horas, fallan, corrigen y vuelven a intentar. Ese compromiso, sostiene, es común entre quienes aspiran a rendir al máximo. Pero también aclara que el póker no tiene por qué ser un camino profesional para todos. La mayoría juega por diversión, y está perfecto. El problema aparece cuando la personalidad de alguien no maneja límites o emociones; no es el póker el culpable.
Sobre el rol de la mujer en la industria, Margets evita centrarse en etiquetas. Celebra los avances, pero se muestra crítica con las divisiones que puedan reforzar una diferencia innecesaria. Sus logros, como haber sido la primera mujer en 30 años en alcanzar la mesa final del Main Event de la WSOP o su brazalete en 2021, prefiere asumirlos como hitos deportivos, no como banderas de género. Para ella, la verdadera igualdad llegará cuando nadie necesite mencionar si quien gana es hombre o mujer.

En la rutina diaria, Margets es práctica, levantarse temprano, entrenar, revisar material y sentarse a jugar con la cabeza fresca. Durante un torneo, las fichas pierden su valor emocional y se convierten en herramientas de trabajo. Si un rival acelera o se desespera, ella se mantiene en su plan. Dice que la presión nunca la ha abrumado; al contrario, la impulsa. Y cuando habla de “sacrificios”, no lo hace con queja, eligió este camino y acepta lo que implica. Esa es, probablemente, su mayor enseñanza para quien quiera dedicarle tiempo serio al póker, no se trata de suerte ni de héroes; se trata de estudio, decisiones y compromiso real con el juego.
