Jugador de póker transforma sus ganancias en una empresa que factura más de $200 millones

Now Allin
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La historia de Brian Tate es una de esas que llaman la atención incluso fuera del mundo del póker. Durante casi toda su veintena, vivió como jugador profesional entre casinos de Las Vegas y partidas privadas por distintos estados. Su carrera fue tan buena que, a los 29 años, acumulaba cerca de $10 millones en ganancias, pero sentía que ya había tocado techo dentro del circuito. Esa sensación lo empujó a buscar un nuevo reto y lo encontró en un lugar inesperado, la avena.

Tate siempre fue riguroso con su alimentación durante las maratónicas sesiones de póker, donde podía pasar más de 12 horas sentado. Entre sus rutinas estaba una mezcla de avena con proteína que preparaba él mismo, y al no encontrar una versión práctica en el mercado, decidió crearla. En 2016 apostó $500.000 de su propio bankroll para montar una pequeña planta en Tempe, Arizona. Así nació Oats Overnight, una línea de avenas listas para mezclar y refrigerar.

Los primeros años fueron pura supervivencia, producciones pequeñas, envíos hechos en su propio auto y un equipo formado por amigos y familiares. Pero la idea conectó con el público. La marca pasó de tres sabores a más de 30, implementó un potente modelo de suscripción mensual y creó una comunidad de clientes que incluso participan en el desarrollo de nuevos productos. Hoy cuenta con 300.000 suscriptores activos, un grupo privado de Facebook con 100.000 miembros y un nivel de retención superior al 60%.

El crecimiento fue tan significativo que Oats Overnight dio el salto al retail y ya está en cadenas como Whole Foods, Walmart, Target, Costco y Sam’s Club. La empresa ha recaudado más de $65 millones en inversión, construyó una nueva planta de 28.800 m² en Ohio y finalmente alcanzó rentabilidad este año. Todo esto elevó el negocio a un nivel impresionante: Oats Overnight factura más de $200 millones anuales, con una valoración estimada en $350 millones.

A pesar de algunos tropiezos —incluyendo una arriesgada campaña con influencers que casi los deja sin fondo, Tate mantiene la filosofía que aprendió en las mesas: tomar riesgos calculados, adaptarse en tiempo real y apostar fuerte cuando la recompensa lo amerita. Esa mentalidad lo llevó de las cartas a liderar una de las empresas de alimentos de crecimiento más rápido en Estados Unidos.

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