En los grandes salones de las World Series of Poker, donde el sonido de las fichas y la estrategia suelen acaparar toda la atención, existe una pareja que ha captado las miradas por una razón mucho más trascendental. Ben Ditsch, un jugador experimentado de Missouri, no solo compite por el prestigio del torneo, sino que juega con una ventaja única, su perro de servicio, Chief.
Para muchos, la presencia de un animal en la mesa de juego podría parecer inusual, pero para Ditsch, un Golden Retriever de tres años es la línea que separa la vida de una emergencia médica crítica. «Tengo la enfermedad de Addison«, explica el jugador de 44 años. «Es como ser diabético, pero peor. Mi cuerpo no produce cortisol, y solo hay 10.000 personas en Estados Unidos que la padecen«.
La capacidad de Chief para detectar cuando los niveles de cortisol de su dueño caen a niveles peligrosos es un talento extraordinario, casi inédito, con apenas 75 perros en todo el país capaces de realizar esta tarea. Lo curioso es que esta habilidad no fue el objetivo principal de su adiestramiento. Ditsch, quien arrastra secuelas de una cirugía medular, adoptó a Chief para ayudarlo con su movilidad, pero el destino tenía otros planes.
«Un día, estaba jugando en el casino y me dijeron: ‘¿Sabes que te lame la cara 10 minutos antes de que llames a la ambulancia?’. Yo no tenía idea«, comenta Ditsch. Tras confirmar las sospechas y someter al animal a pruebas, quedó claro que Chief era su ángel guardián. Cuando el cortisol baja, el perro salta y lame su rostro, dando a Ben una ventana de 10 a 15 minutos para medicarse o, en casos extremos, administrarse una inyección de emergencia. «Si eso no funciona, tengo que llamar a una ambulancia porque moriré en 30 minutos«, admite con crudeza.
A pesar de su historial profesional, que incluye haber sido crupier, paramédico y técnico de sonido, Ditsch prefiere el ritmo del póker de apuestas bajas. Para él, las mesas no son solo un lugar para ganar dinero, sino un espacio necesario para socializar y sentirse conectado con el mundo. «Me permite salir de casa y sentirme lo más normal posible. Esta enfermedad puede ser muy grave y requiere días de recuperación tras una hospitalización«, confiesa.
Sobre los roces logísticos que a veces genera llevar a un perro a un casino, Ditsch se muestra conciliador. Aunque defiende el derecho de Chief a estar junto a él, siempre intenta acomodarse para no incomodar a nadie. Por su parte, el personal y los otros jugadores del Harrah’s Kansas City lo han convertido en toda una celebridad. «En el 99% de los casos no hay problemas porque todos lo adoran. Le dan golosinas todos los días. Cuando entro, lo único que oigo es: ‘¡Jefe, Jefe, Jefe!‘», bromea.

Su dedicación ha dado frutos, incluso en los momentos más tensos. Ditsch recuerda con una sonrisa el día que ganó un torneo satélite mientras su salud se deterioraba. «La ambulancia ya venía en camino y yo intentaba perder para retirarme, pero no paraba de ganar«, cuenta entre risas. Tras un breve receso en el que recibió atención, volvió a la mesa y se llevó el primer puesto.
Hoy, Ditsch disfruta de sus logros en el circuito, como su reciente paso por el Monster Stack de 1500 dólares en las WSOP, donde, aunque no logró premios, pudo compartir mesa con leyendas y celebrar victorias junto a sus amigos.
En el mundo del póker, donde los jugadores buscan constantemente señales en los rostros de sus rivales, Ben Ditsch sabe que la señal más importante no está en las cartas de los demás, sino en el gesto fiel de un perro que, literalmente, le permite seguir jugando.
