Según un informe reciente, el gasto corporativo global en IA alcanzará alrededor de US$1.5 billones en 2025 y se proyecta que supere los US$2 billones en 2026, lo que implicaría una transformación profunda de industrias, productos y servicios. Este crecimiento explosivo empuja a empresas grandes y pequeñas a subirse al tren de la IA, lo que ha generado un fuerte impulso de inversión, desarrollo de infraestructura y competencia por talento.
No obstante, junto con el entusiasmo también emergen advertencias. Un artículo de Reuters plantea que la IA “podría ser tanto bonanza como burbuja”, señalando que muchas valoraciones actuales ya están incorporando expectativas altamente ambiciosas y que el retorno real podría tardar en materializarse.Para ejecutivos y emprendedores, esto implica que la adopción de IA ya no es solo cuestión de lanzar un chatbot o modelo generativo, sino de construir infraestructuras robustas, definir casos de uso con impacto real y demostrar retorno económico.
En el escenario de América Latina y mercados emergentes, estas dinámicas también importan. Mientras algunas empresas buscan saltar directamente a productos con IA, la clave será primero resolver desafíos de datos, talento local y ecosistema. Este ciclo de crecimiento de la IA invita tanto a innovar como a cautelar riesgos.
