Influencers creados con IA les roban el negocio millonario a los creadores de contenido reales

Now Allin
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El escenario de las redes sociales ya no pertenece solo a los humanos. Impulsados por el avance de la IA generativa, han aparecido avatares digitales que no existen en la vida real, pero que ya acumulan millones de seguidores y protagonizan campañas globales. Estos personajes están levantando un negocio en expansión que factura fortunas y desafía los límites de lo que consideramos «real» en Instagram o TikTok.

El fenómeno no es casualidad, es una decisión de negocios. Agencias como la española The ClueLess decidieron crear a Aitana Fit, su propia modelo virtual, tras cansarse de los problemas con influencers humanos. Los creadores reales a veces faltan al trabajo, exigen presupuestos altísimos o simplemente son difíciles de manejar. En cambio, un avatar de IA está disponible 24/7, no envejece y sigue las instrucciones al pie de la letra.

Un negocio de bajo costo y alto retorno

Mientras que un influencer tradicional requiere viajes, hoteles y equipos de producción, gestionar un avatar sintético puede costar apenas 25 dólares al mes en herramientas de edición. Sin embargo, los contratos publicitarios son de verdad.

  • Lil Miquela, pionera desde 2016, ya ha firmado acuerdos con marcas como Prada y Calvin Klein.
  • Isabella, un avatar que aparenta ser una joven blanca de 20 años en autos de lujo, es operada en realidad por una ama de casa de 45 años que encontró en la IA su mina de oro.

La demanda de contenido es tan alta que los humanos ya no pueden seguir el ritmo. Se sospecha que gran parte de lo que consumimos hoy en plataformas digitales es generado por algoritmos. Incluso en eventos de alto perfil, como la premiere de El diablo viste a la moda 2 en Estados Unidos, aparecieron modelos de IA en la alfombra roja y muchos medios de comunicación los reportaron como si fueran personas reales.

Si un código de computadora puede generar el mismo impacto y ventas que una celebridad de carne y hueso, el dinero se irá hacia donde sea más eficiente. Los influencers reales ahora enfrentan una competencia que no necesita dormir, no pide vacaciones y, sobre todo, no deja de facturar.

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